Cierra la boca. Ángel Fco.

Cuando no tengas nada que decir es mejor quedarte callado. Así de sencillo. Luego andas diciendo cualquier tarugada y terminas quemado y metiéndote en problemas.

Creo que he dejado el tema bastante claro.

Adiós.

Tenía pensado dejar esta publicación así como esta, sin una palabra más. Sin embargo, he de admitir, no con genuina vergüenza pero si con innegable pesar, que no soy de los que pueden hablar poco. Una vez que inicio, siempre y cuando sea un tema de interés, me cuesta parar. Así que continuaré con el tema ya planteado.

¿Por qué no es tan difícil comprender que a veces es mejor cerrar la bocota? Es, quizá, una necesidad para nada superficial; una sed profunda e inconsciente por mantenernos vigentes en el mundo del hablante, puesto que al que no habla no se le oye.

Atribuyo nuestra insensata habladuría a lo previamente descrito, con muy poco temor a errar.

Sin embargo, no se puede olvidar jamás una extensa ramificación de la especie humana: el vanidoso. Aquellos imberbes que creen que su opinión realmente le interesa a alguien; esos que creen que tienen algo relevante que decirle al mundo y que lo que piensen o digan pensar, puede ser de utilidad en la vida de algún ser ajeno. ¿Esto nos convierte en una especie de bestias egocéntricas y superfluas? ¿Es eso muy diferente a lo que somos ahora? ¿Qué somos? ¿Somos buenos, malos, ególatras? ¿Qué nos define?

Demasiadas preguntas, a las cuales no creo tener una respuesta acertada. Al menos no en su totalidad. Ciertamente la mayoría de las personas sufrimos de este ¨padecimiento¨, de hecho, escribir en un blog pensando que a alguien le puede interesar lo que tengamos que decir, me parece algo vanidoso. ¿Lo es? No lo sé, solo me pareció que podría serlo. Creo que lo más que podemos hacer es regular nuestras emisiones, tratar de mantenernos al margen en los temas y sucesos que no nos conciernen.

Uno de los errores más comunes de nuestra especie es no saber cuándo parar de hablar, nos damos cuenta de que hemos arrollado al gato hasta que llegamos al mercado y vemos la cola colgando de la defensa. Pero para entonces es ya demasiado tarde, hay corazones rotos y familiares o amigos sensibles – irritantes, quizá – esperando una disculpa.

La solución a esto es sencilla: si no te gusta lavar ropa, ándate desnudo. Si no te gusta pedir disculpas, cierra la boca.

Ángel Fco.

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¿Cómo se llama?

Se siente extraño cuando alguien te saluda y tú sabes que lo conoces pero la verdad no tienes idea de dónde lo conoces ni de cómo se llamará. Así es, cuando vas caminando por ahí y te encuentras con un rostro familiar, se enciende un switch que manda la alerta ” ¡Ey!, yo lo conozco” pero de ahí no sales.

Muchas veces conocemos a personas a lo largo de la vida con las cuales nos encontramos dos, tres, cuatro veces. Sin embargo, no somos capaces de recordar sus nombres o por medio de quién les conocimos. Esto no quiere decir que no hayan sido importantes o que no les hayamos prestado la suficiente atención, sino que el cerebro se encarga de ir recolectando nuevos datos y empujar los datos viejos hacia el fondo del cajón.

No hay por qué sentirnos culpables  de enviar al fondo a tanta gente, pues les aseguro que ustedes están en el fondo del cajón de al menos una persona.  Total, no somos tan especiales como para ser recordados por medio mundo.

Así que a la próxima que se encuentren con una “extra” ( vamos a denominarlos de esta manera) devuelvan el saludo y piensen que una buena película necesita de muchos extras.

Se despide, Ana Teresa.

Sólo prejuicios

Hola queridos lectores, como de costumbre comenzaré mis divagaciones por medio de una pregunta.¿Alguna vez han querido hacer o decir algo pero sus prejuicios no se lo permiten? Ah!, los prejuicios son como una alarma de auto, en ocasiones agradeces que estén ahí porque previenen robos, pero en otras quisieras encontrar las málditas llaves para apagar el ruido que te meten en la cabeza.
No quisiera clasificarlos como buenos o malos, pero los prejuicios son todo un caso. Cada persona tiene prejuicios respecto a diferentes asuntos o situaciones. Incluso tú, querido lector, tienes al menos un prejuicio cimentado en tu cabecita que no te permite hacer tal o cual cosa.
Una vez que comiences a darte cuenta de cuáles son los tuyos, cuéntalos ( no a alguien, me refiero a cantidad), apílalos y deshazte de uno que otro, pues seguro te sobrarán unos cuantos.

Nos leemos pronto, Ana Teresa.

Cruzando la condenada calle ¡Demonios!

Puedes llegar a sentir como si caminaras rodeado de completa oscuridad. Caminas en la nada, rodeado de negrura. Tus pasos son firmes al principio, pero después te das cuenta: no importa cuánto camines, jamás llegarás a ver luz alguna. Así que dudas en continuar, pero ¿qué puedes hacer? ¿quedarte parado en medio del negro abismo de la existencia esperando a que tu fin físico llegue y te borre como se limpia una mancha de tiza en la pizarra? es una opción.

Sin embargo, como eres un ser humano con necesidades que van mas allá de comer y defecar, confío en que decidirás seguir caminando.

Esa sensación me embargó hace apenas un día o dos, mientras caminaba hacia la tienda y pensaba en una serie de decisiones ¨ejecutivas¨ que tengo que tomar.

Caminar en la oscuridad, en incertidumbre. Rodeado de la nada y escuchando solamente el lejano rumor de los autos que se alejan, frenéticos, hacia sus destinos. Sin mirar a los lados y completamente inconcientes de los miles que caminan a su alrededor. Entonces, das un paso más. Pero tu pie no toca el suelo, pues no lo hay. Sientes caer a un desfiladero interminable de negrura atemorizante y piensas que todas las decisiones que te queda por tomar son ahora más complejas que nunca. Tu pie toca finalmente suelo y te das cuenta de que no hay desfiladero. Llegaste al final de la cuadra, bajaste de la banqueta y ahora tienes que cruzar la calle y tener cuidado al subir a la otra. Si te andas desprevenido, a pesar tus esfuerzos, te puedes tropezar.

Tropezar y romperte el hocico. Partirte la mandarina en gajos, si así lo prefieres. Es fregadamente atemorizante, pero son cosas por las que se tiene que pasar. Para algunos es sencillo, para otros no lo es tanto. Supongo que mas allá de cuestiones de inseguridad y de flojera, se trata de las espectativas de cada uno.

No se si me he dado a entender, y la verdad no sé si alguien de los que leerá esto este a punto de tomar una decisión que cambiará todos sus planes inmediatos, y en concecuencia, los del resto de su vida.

Si es así, dejen que su pie caiga al vacio hasta tocar el asfalto y entonces, ándense con cuidado.

Ahí pueden pasar varias cosas, te atropellan, te tropiezas al subir a la otra banqueta o pierdes el rumbo por la oscuridad y jamás encuentras la siguiente cuadra.

Como sea, desiciones se toman a diario, algunas importan más, algunas menos. Pero todas son importates: definen lo que eres y lo que serás.

Crucemos la condenada calle y si un chirris se atreve a arrollarnos, asegurémonos de caminar por la línea amarilla, de lo contrario no podremos levantar acta.

PS. DECISIONES, DECISIONES, DECISIONES… pueden parecer  de lo s complicado pero la respuesta suele llegar sola, cuando escuhas con atención el susurro del viento. Como dijo el buen Dylan:  the answer, my friend, is blowing in the wind. The answer is blowing inthe wind.

Ángel Fco.

Blah, blah… blah. Por: Ángel Fco.

La vida es justa. Es un hecho. Antes de intentar demostrarlo, les contar un poco cómo van las cosas por aquí. Quizá te interese, quizá no. Probablemente estás leyendo esto sólo porque no tienes nada mejor que hacer, o, con mayor probabilidad, porque estas evitando hacerlo. Sin embargo eso no me concierne, así que me limitaré a decir lo que vine a decir.

Las cosas por aquí van de maravilla, esa es la verdad. Escribo este texto sin un tema en específico y con un amplio espectro emocional debido a que me parece apropiado debido a la situación actual tanto mía como de Tere y, en consecuencia, de IBIDEM.  La escuela nos tiene agotados y las carreras de la vida cotidiana terminan de exprimirnos el jugo que nos queda. Pero algo es cierto y jamás debemos negarlo, ciertamente estamos en la gloria. Tenemos más de lo que merecemos y mantener la conciencia de esto nos amarrara los pies a la tierra y no permitirá que nos elevemos por voluntad propia, como un globo de helio que vuela hasta reventarse por la presión atmosférica  o el picotazo de un pajarraco asustado y cae, fláccido y olvidado, al mar.

En fin. ¿Por qué estamos en la gloria?  Pues porque estamos en la condenada escuela, por eso. Se nos ha permitido disfrutar de una oportunidad que no todos pueden tomar por sentada. Sí, es algo que los padres nos dicen todo el tiempo, pero es cierto. También es cierto que es una molestia y que no necesitaremos la mitad de las cosas que nos enseñan, y que de la otra mitad que necesitaremos, una cuarta parte no serán correctas, una octava la olvidaremos y la otra octava resultará no ser ni la milésima parte de lo que tenemos que saber. ¿Confundidos?  Yo también, pero eso es lo divertido.

Ahora, volviendo al punto inicial. La vida es justa, no lo puedo negar. A veces perdemos, a veces ganamos, pero apuesto que si sacamos un promedio de los momentos buenos y los momentos malos, tomando en cuenta la intensidad y la frecuencia, lograremos sacar una media bastante justa, por no decir, perfecta.

Para demostrarlo, les contaré un ejemplo más que sencillo, casi risorio.

Hace unas tres semanas le compré a una compañera de grupo un pay de queso. Comí una rebanada y lo guardé bajo mi pupitre, para llevarlo a casa al terminar las clases. Lo olvidé. Si, lo sé; soy un idiota. Olvidar un pay de queso es un pecado similar a olvidar recoger a tu hermanito o cambiar por accidente la medicación de papá. No tienen idea de cómo me odié por haber abandonado un pay completo, estuve toda la tarde con antojo. Como sea, justo hoy, mientras limpiaba los frigoríficos de la cocina en la universidad, encontré un pastel de mouse de chocolate. El pan estaba un poco seco, pero el mouse estaba delicioso. El pay, por su parte, tenía mas galleta que queso, así que el balance era justo.

Como leí tiempo atrás en una conocida novela gráfica: la justicia llegará para todos nosotros, no importa lo que hagamos.

Ángel Fco.

Raid para los chismosos

¿Será que todos tenemos una encomienda en la vida? Que si una persona deja de hacer lo que habitualmente hace- sin siquiera advertirlo- el orden natural de las cosas se rompe, ¿será? Así como cuando dicen que no se puede eliminar a todos los mosquitos o cucarachas porque se alteraría el ecosistema. Me pregunto entonces ¿podremos vivir sin chismosos?

Comencemos haciendo esa comparación, la gente chismosa es como un mosquito que está molestando hasta que, eventualmente,  te tienes que deshacer de él. Se nutren de tu sangre hasta que quedan panzones y se atontan un poco (Tip: buen momento para matarlos) Pero cuídate de los que no se llenaron y van a picar a otros lados.

Pasemos a lo siguiente, la verdad es que TODO mundo sabe quién es un chismoso, ¿por qué? Pues porque ellos solitos se queman y qué es lo que pasa, que a pesar de eso les siguen creyendo las sandeces que dicen. Así es la naturaleza humana, quiero pensar.

Aquí entra el dilema ¿Lo elimino? O ¿Lo dejo vivir? La verdad es que no soy quien para responder a esa interrogante. Yo prefiero eliminarlos, pero esa es mi humilde opinión. Tal vez a algunas personas les gusta dejarlos vivir por si algún día requieren de sus sucios servicios, sin embargo eso ya es decisión individual.

Nos leemos pronto, Ana Teresa.

Esas cochinas materias. Por: Ángel Fco.

Estoy sentado en la biblioteca de mi escuela. El silencio es casi absoluto, sólo escucho el zumbido de la electricidad, las vueltas de página y las teclas bajo la yema de mis dedos. Se supone que debería ser capaz de abrir ese pdf que se nos envió y leer cada una de sus páginas, hacer apuntes y una guía para mi examen. Sin embargo, llevo aquí casi una hora y apenas he leído una página. Ni siquiera una página completa, sino que he leído renglones desde la primera hasta la 129. ¿Por qué? Porque es increíblemente aburrido y poco interesante, por eso. ¨son cosas que debes saber, muchacho¨ ¨si quieres ser un miembro funcional de la sociedad… si quieres ser un hombre de éxito… si quieres ser como…¨ me importa un comino. Tomo este pdf entre mis virtuales manos y lo estrujo, lo arrojo a la taza del baño y jalo la palanca. Llevo casi  diecinueve años viviendo sin saber de estas porquerías y he sido un ser feliz. Y estoy segurísimo de que podré seguir siéndolo sin saberlas. No me tomen como un retrógrada o un zángano ignorante. Simplemente creo que hay cosas que no a todos nos son útiles, conocimientos que para algunos, de acuerdo a sus enfoques y conceptos, pueden resultar interesantes y ¨esenciales¨, para otros – yo, por ejemplo – nos pueden parecer un montón de basura inútil. He de admitir que estos conocimientos deben tener una utilidad, pero si alguna vez se me presenta, incluso después de haber sacado las mejores notas en mis materias, tengo la certeza de que tendré que consultar a alguien. Pasaré estas materias babosas sin pena ni gloria, eso es lo que haré. No me importa lo que diga la doña de lentes y no me importa lo que piensen los intelectuales. Esos suelen ser los más estúpidos y necios.

Presten atención a sus necesidades y a su propia opinión. Escuchen esa vocecilla interna – la amable, esa que gruñe y araña es mejor ignorarla – y aprendan a seleccionar lo que les es útil y lo que no lo es. Saber mucho no es ser feliz. Pasar todas las asignaturas con excelencia no hace a un buen profesionista ni a un buen ser humano. La inteligencia en sí, va más allá de las puntuaciones semestrales, y esto es algo que no muchos comprenden.

Estoy rodeado por gente que vino a estudiar, igual que yo, pero después de espiar a sus monitores, veo que están en el chat o en facebook. La ventana que deberíamos tener desplegada se encuentra ignorada en la barra de nuestro computador y cada quien hace algo diferente.

La escuela es como una guía, no una ley. Podría decir que la veo incluso como un mercado, donde voy tomando lo que sirve e ignorando lo que no. Veo por cual rumbo se dirige este escrito, y me lleva a una sola conclusión; una que ya hemos visto antes en escritos anteriormente publicados. La vida, cada uno de sus aspectos, giran en torno a las elecciones que hacemos. Deja que el director grite y que la maestra te considere un idiota. Deja que ellos se martiricen.